La Musa

Si no te buscó fue tu mejor decisión.

En las diferentes etapas de nuestra vida, esta situación que plasma la frase va variando según nuestros valores, creencias, educación, experiencias y transformación.

Influyen nuestro entorno y forma de relacionarnos.

En mi caso.

Vengo de valores cristianos que fui desapegando con el tiempo, personas, experiencias y circunstancias.

Digamos que en nuestro trayecto a la fecha hemos vivido esta experiencia en varias etapas y circunstancias. En mi caso.

Etapa escolar y entorno.

Donde las riñas y diferencias infantiles están incluidas en la cotidianidad escolar. Si se me cruzaba una circunstancia con una compañera de la escuela o del entorno, recuerdo que nos tomaba horas, días y hasta meses dar el brazo a torcer.

El orgullo prevalecía, pero en más de una ocasión todo se trataba de complacer un ego incluso desconocido, teníamos la actitud, pero ni idea de lo que se trataba y mucho menos controlarlo. Quién diera el brazo a torcer era el humillado, el avergonzado por los testigos del origen y proceso de la diferencia o riña.

En la etapa universitaria, en mi caso que fue una edad ya un poco madura.
No me tocó tal experiencia, pero si supe de casos donde incluso surgían cambios de horarios y materias con tal de no coincidir entre sí.

Etapa marital?

Que tire la primera piedra quien no haya experimentado diferencias con un miembro de la familia propia o de su pareja…

Cada cabeza es un mundo, cada persona una decisión propia (normalmente), cada familia sus valores, creencias y costumbres. Cada pareja construye sus propios criterios.

Me ha tocado tener diferencias con más de un miembro familiar de ambas partes, a lo largo del trayecto y las circunstancias que se van dando es imposible llegar intacto a esta altura. Cuando tienes decisiones propias, cuando no das por bueno y válido el criterio de los demás sin antes expresar tu opinión, pensar y actuar. (Siempre con respeto mutuo). Es normal vivir la experiencia de las diferencias.

Donde se refleja la integridad de cada parte, es el momento de dar el brazo a torcer, que prefiero expresar como, quien tome la iniciativa del (hay que hablar)! Sin importar el origen de la falla de quién lo provocó o empezó, ya pasamos la etapa infantil. Ahora enfrentamos la de adultos.

Pero que me dices del entorno laboral?
Si, a esa altura también se ven casos. Donde suponemos no hay menores de edad, donde damos por hecho que todos somos adultos, profesionales y maduros.

En fin.


A mi actual edad, sigo dando mi brazo a torcer, me disculpo con la misma facilidad que me equivoco en decisiones y momentos impulsivos que sigo procurando mejorar con las experiencias.

Cómo se da el brazo a torcer?

En mi caso, me tomo el breve tiempo de analizar lo sucedido, procuro detectar la fuente de las circunstancias dadas, evito enfocarme en el culpable, considero la imparcialidad así sea yo ‘la víctima’’

Tenemos nuestros momentos de arranque, eso es de humanos. Pero depende de nuestra crianza, valores y de adulto las decisiones que optemos por tomar respecto a la actitud en estos casos.

Ya no me avergüenzo del que dirán por ser quien de el brazo a torcer, ni siquiera que dirá la misma persona a la que se la ofrezco.

EL OTRO ÁNGULO.


Ahora lo pienso desde un ángulo más maduro, me equivoqué? Me toca disculparme y enmendarlo. Se equivocaron conmigo, esperaré el momento para pedir que lo hablemos, una oportunidad para aclararlo y llegar a algún acuerdo o una simple conciliación aunque no volamos a coincidir. Pero cualquier mañana es la última y deudas emocionales no me quiero llevar.

Pero.

Es importante no descartar el valor de la dignidad, habrán casos en los que mejor dejar que el tiempo se haga cargo, que todo fluya y las oportunidades surjan. No forzar es el plan ideal.

Por lo que, cuando actúes y no recibas respuestas, ya te respondieron. Es mejor hacerse a un lado y no insistir, incluso si valiera la pena. Hay tanto derecho a la expresión como a la discreción y respeto a la decisiones de los demás. Incluso si no eres quien pierde más.

He perdido familias, amigas, amistades y relacionados, compañeros y conocidos por circunstancias propias del convivir y compartir tiempo y espacio, pero no actitud u opiniones.

Me he retractado cuando ha sido necesario de mi parte, he incitado al razonamiento cuando soy la afectada, pero he aprendido a no insistir. A dejar fluir.



No se trata de embarrarla y pretender arreglarla una y otra vez.

Que todo fluya y que nada influya! El que te aprecie mínimamente, valore ínfimamente, y le importes aunque sea un carajo, volverá! Tarde o temprano, de algún modo habrá interacción madura aunque nada vuelva a ser igual.

Que todo fluya mis damas. Se persiste, pero no se insiste.

Plasmo pensamientos, sentimientos y vivencias en letras.

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